Dólar Oficial
$1.570
Dólar Blue
$1.555
Dólar Tarjeta
$2.041
Euro
€1.738,38
Real
R$281,46
Azúcar Tucumán · 50kg
$36.375
Azúcar Int. · Londres N5
US$24,707
Azúcar Int. · EEUU N11
US$423,29
Bioetanol de caña ($/L)
1.083
Bioetanol de maíz ($/L)
992.806

La expansión de la economía digital en la Argentina consolidó un escenario laboral singular donde la informalidad en los sectores de plataformas y comercialización autónoma convive de manera paradójica con elevados índices de satisfacción personal, impulsados principalmente por la valoración de la flexibilidad horaria y el manejo del propio tiempo. A contramano de las concepciones tradicionales del mercado de trabajo, una porción sustancial de estos trabajadores independientes descarta incorporarse al régimen asalariado formal o efectuar aportes jubilatorios debido a un cálculo pragmático donde evalúan que la registración fiscal no les conviene por el nivel de sus ingresos o la pérdida de independencia, un fenómeno sociolaboral complejo que desagrega en profundidad el informe elaborado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA).
El reporte técnico, al que tuvo acceso Tendencia de Noticias, titulado "Trabajo digital: entre la autonomía y la precariedad" , fue elaborado por los investigadores Agustín Salvia, Francisco Draghi, Iñaki González y Eduardo Donza se sustentó en los datos de la Encuesta EDSA Foco-Trabajador Digital —relevada en julio de 2026 sobre una muestra de 1.698 casos en la Argentina urbana— y en microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH-INDEC). Al definir el marco general del ecosistema tecnológico, los autores señalan que "la digitalización abre oportunidades, pero también reproduce nuevas fronteras de desigualdad laboral" y advierten que "los segmentos digitales más calificados concentran mejores ingresos y protección social. En el otro extremo, plataformas y comercialización autónoma combinan mayor vulnerabilidad con altos niveles de autonomía y satisfacción".

De acuerdo con el procesamiento de la EPH, el 31% de las personas ocupadas en la Argentina utiliza herramientas digitales en su actividad principal. Aunque el empleo digital presenta en términos agregados un menor nivel de informalidad que el resto de la economía (un 20,4% de no registrados frente a un 47% en el empleo tradicional), los especialistas de la UCA enfatizan que la estructura interna se encuentra profundamente polarizada. Al respecto, el documento sostiene que "no es posible hablar de una sola tendencia de digitalización del trabajo. El avance tecnológico favorece de manera desproporcionada a ciertos grupos y amplía las diferencias dentro de la economía digital", delimitando cuatro categorías ocupacionales clave: Producción digital, Teletrabajo, Plataformas y Comercialización digital autónoma.
En la cúspide salarial y formativa se ubica la Producción digital (desarrollo de software y servicios informáticos), donde el 61,4% de los trabajadores cuenta con estudios universitarios o terciarios completos, la tasa de registración alcanza el 74,6% y el ingreso neto mensual promedio se posiciona en $1.503.216,2. En una posición intermedia se encuentra el Teletrabajo, con un 58,0% de graduados superiores, un 66,6% de aportantes a la seguridad social y un ingreso promedio de $1.320.476,0. En contraste, los sectores operativos de Plataformas (reparto, transporte y servicios algoritmitizados) y Comercialización digital autónoma (venta independiente mediante canales digitales) registran menores niveles educativos —donde cerca del 70% posee como techo el nivel secundario o superior incompleto— y remuneraciones promedio de $1.176.286,1 y $966.804,4 respectivamente.

La dimensión más llamativa del relevamiento de la UCA radica en la desconexión entre la informalidad objetiva y la percepción subjetiva de los trabajadores. En la Comercialización digital autónoma, el 53,3% de los ocupados no realiza aportes jubilatorios ni a la seguridad social, mientras que en el sector de Plataformas la falta de registración afecta al 30,2%. Sin embargo, al indagar en las razones de esta desprotección, los autores afirman que "entre los no registrados prima un cálculo pragmático más que la falta de información, el motivo más mencionado es que registrarse 'no conviene', por ejemplo por ingresos demasiado bajos". Esta respuesta fue la principal opción elegida en todos los grupos, oscilando entre el 31,1% y el 34,5% de los encuestados, superando con holgura a causales como la decisión del empleador, el desconocimiento de los trámites o el deseo explícito de mantenerse fuera del sistema.

Pese a las inestabilidades de la demanda y a la precariedad de la cobertura sanitaria y previsional, la valoración del trabajo digital es mayoritariamente positiva. El estudio detalla que "entre el 59,8% y el 65,0% se declara algo o muy satisfecho" con su labor actual. Esta satisfacción por mayor autonomía explica por qué la mayoría de estos trabajadores rechaza la salarización tradicional: ante la hipótesis de cambiar su ocupación independiente por un empleo asalariado formal con la misma carga horaria e ingreso, el 75,5% de los productores digitales y el 68,9% de los teletrabajadores afirmaron que no harían el cambio. Incluso en las categorías más vulnerables como Plataformas y Comercialización autónoma, más del 62% prefiere mantener su esquema actual de trabajo por cuenta propia.

Esta búsqueda de independencia influye de forma directa en el debate normativo sobre la regulación del sector. Según la encuesta realizada por el equipo dirigido por Agustín Salvia, entre el 52,3% y el 58,2% de los trabajadores digitales de las distintas ramas está de acuerdo con considerar a los trabajadores de plataformas como autónomos o independientes en lugar de empleados en relación de dependencia, postura respaldada por el 56,9% de los propios repartidores y choferes de aplicaciones. Al sintetizar los hallazgos del informe, los autores concluyen que "la categoría de mayor informalidad se compatibiliza con niveles elevados de satisfacción laboral", planteando como desafío que "las fronteras entre trabajo independiente, empleo asalariado, informalidad y dependencia económica son cada vez más difusas. Estas nuevas formas conviven con precariedades persistentes, como ingresos inestables, traslado de costos hacia los trabajadores y débil acceso a la protección social, y con valores como la autonomía y la flexibilidad, que influyen en las decisiones de formalizarse".